domingo, 23 de febrero de 2014

El Renacimiento

CONTEXTO HISTÓRICO

Capítulo 15. El Renacimiento, Carlos I de España y V de Alemania y Francisco I, del libro "Toda la Historia del Mundo" de Barreau-Bigot.


Mientras los españoles conquistaban el Nuevo Mundo, Italia se convirtió en el epicentro del "Renacimiento", llamado así porque se estaba re-descubriendo la Antigüedad Clásica: arte y pensamiento. Fueron cuatro los más importantes acontecimientos que marcaron los siglos XV y XVI:

  1. 1453: Toma de Constantinopla por los turcos otomanos, caída del Imperio Bizantino.
  2. 1492: Cristóbal Colón llega al continente americano.
  3. El Renacimiento: revolución intelectual y artística impulsada por la imprenta.
  4. La Reforma: revolución religiosa impulsada por Martín Lutero. 
¿Y por qué sería Italia la cuna del Renacimiento? Estas fueron algunas de las razones:
  • Libertad intelectual: los italianos siempre practicaron el Derecho Romano con un criterio liberal.
  • Los mecenas: las ciudades italianas cayeron bajo la tiranía ilegal "del más fuerte" de entre los ciudadanos. Todos ellos fueron protectores de artistas y escritores, pues deseaban popularizar sus gobiernos ilegítimos.
  • La tradición clásica: sólo Italia mantuvo vivo el recuerdo de la antigüedad grecolatina durante la Edad Media.
  • Los Humanistas: se da el nombre de "Humanismo" al movimiento cultural caracterizado por el estudio y la imitación de las obras grecolatinas. Surgió durante el siglo XIV en Italia de donde se difundió por toda Europa. Su principal característica fue el poner al Hombre (y no Dios) como el centro del interés intelectual. 

Italia inventó todo: la economía moderna, la ciencia moderna, el arte moderno y la visión moderna del mundo. Por supuesto, también desempeñó un papel político y militar. Florencia, por ejemplo, estaba gobernada por una rica familia de banqueros, los Médicis; mientras que en Milán, el poder estaba en manos de los Sforza. En esta época, las familias más ricas eran extremadamente cultas: leían, en griego, a Aristóteles y a Platón, y se hubieran sentido avergonzados si no hubieran mandado construir plazas, teatros y fuentes para el pueblo.


En 1532, un consejero del gobierno florentino, Nicolás Maquiavelo, escribió un tratado político aún vigente, El príncipe, una cínica reflexión sobre la manera de gobernar con inteligencia y astucia. La "razón de Estado" permite a Maquiavelo justificar, en ciertos casos, el asesinato y la mentira, una libertad de pensamiento de una temeridad inaudita, dentro de una época sumamente cristiana. El "Príncipe", sin embargo, nunca olvida que su poder reposa sobre el consentimiento del pueblo y que está justificado por el bien público. "El fin [moral] justifica los medios [inmorales]".

En Roma ejercían el papado pontífices poco cristianos: Alejandro VI Borgia (1492-1502), Julio II (1503-1513) y León X (1513-1521). Pero, por otro lado, estos papas renacentistas eran humanistas y encargaban trabajos a los mejores artistas: Rafael, Leonardo, Miguel Ángel.

David, Miguel Ángel,
Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), fue un protegido de los Médicis (época del David), y luego vivió en Roma (época de la Piedad). El papa Julio II le confió la ejecución de los frescos de la bóveda de la capilla Sixtina, que Miguel Ángel realizó acostado sobre un andamio durante años; y cuando el Papa se impacientó por la duración del trabajo, él le vertió un cubo de pintura sobre la cabeza, y el terrible pontífice no protestó. En aquellos tiempos de mecenazgo, el artista había ganado derechos. Escultor, pintor, hombre de letras (le gustaba leer a Platón), Miguel Ángel también fue el arquitecto que concibió la plaza del Capitolio en Roma y la cúpula de la básilica de San Pedro. Miguel Ángel trató siempre de concebir figuras como si se hallaran contenidas ya en el bloque de mármol en el que trabajaba; su tarea en cuanto que escultor, como él mismo decía, no era sino el de quitarle al bloque lo que le sobraba hasta que aparecieran las figuras contenidas en sus entrañas. Éste es el prototipo de los genios del Renacimiento, época en la que convivieron Miguel Ángel, Maquiavelo y Leonardo da Vinci.

La Piedad, de Miguel Ángel
La Piedad, es una obra de bulto redondo que se encuentra en la Basílica de San Pedro, en Roma. Cuando la obra fue entregada se pus en duda que hubiera sido Miguel Ángel el autor, dada su juventud (24 años). Al enterarse Bounarroti, en un arranque de furia grabó con el cincel su nombre en la escultura (en el cinto que cruza el pecho de María), siendo ésta la única obra firmada del artista. En esta escultura predominan las armonías de contraste: 1) Los ejes del cuerpo de Jesús (líneas quebradas) se contraponen a los pliegues curvilíneos y angulados de los vestidos de la Virgen María; 2) El brazo derecho de Jesús cae inerte, contraponiéndose al brazo izquierdo de la Virgen que esá lleno de vida y conmiseración; 3) Los pliegues de la ropa de la Virgen, llenos de oquedades, forman contrastes de claroscuro que se contraponen a las superficies claras y lisas del cuerpo de Jesús. 



Leonardo da Vinci, aunque vivió menos tiempo, fue un genio aún más universal: a la escultura, la puntura y la arquitectura añadía la mecánica y fue un ingeniero incomparable. Como testimonio de la variedad de su talento, podemos leer un curriculum vitae que dirigió al príncipe Ludovico el Moro, duque de Milán, a la edad de unos treinta años:

"Tengo el medio para construir puentes muy livianos, sólidos y roustos, de fácil transporte, para perseguir y vencer al enemigo; y otros más sólidos que resisten el fuego y el asalto, ligeros y fáciles de poner y quitar. Y medios para destruir y quemar los puentes del enemigo. para el sitio de una fortaleza, sé cómo sacar agua de las fosas y construir infinidad de puentes, arietes, escalas para trepar y otras máquinas relativas a este género de empresas. Si una plaza no puede ser conducida con los bombardeos debido a la altura de su glacis, tengo los medios para destruir toda la ciudadela u otras fortificaciones cuyos cimientos no descansen sobre roca. también dispongo de métodos para hacer bombardas muy cómodas y fáciles de transportar, que lanzan cascajo casi como las tempestades, causando un gran terror al enemigo por la humareda, los grandes destrozos y la confusión. Y si la aventura del enfrentamiento tuviera lugar en el mar, tengo planos para construir instrumentos muy propios para el ataque o la defensa de los navíos, que resisten el fuego de los más grandes cañones. 
También haría carros cubiertos, seguros e imposibles de atacar, que se adentrarían en las filas enemigas con su artillería, y que ninguna artillería sería capaz de destruir, y los hombres de armas podrían seguir impunemente a sus carros, sin encontrar obstáculos. Si fuera necesario, fabricaría morteros, muy bellos, útiles, diferentes de los que se emplean comúnmente. Allí donde no fuera posible el uso del cañón, inventaría catapultas, almajaneques, trabucos y otras máquinas de una admirable eficacia. Sencillamente, según las necesidades, construiría un número infinito de instrumentos variados para el ataque y para la defensa. 
En tiempos de paz, creo poder daros absoluta satisfacción, sea en arquitectura, construyendo edificios públicos y privados, sea en la conducción del agua de un lugar a otro. Además, puedo ejecutar escultura de mármol, bronce o barro.
A lo que añado que, en pintura, mi obra puede igualar a la de cualquiera."  

En definitiva, Italia era en el siglo XVI el centro del poder y la gloria. Por eso, todos los soberanos de la época querían controlarla. El primero de ellos, el más poderoso, Carlos V (1500-1556). Éste, siendo duque de Borgoña, heredó de su madre, Juana la Loca, hija de Isabel de Castilla y de Fernándo de Aragón, la Corona de España (y, por tanto, también de América Latina) y, de su padre, Felipe el Hermoso, las tierras de los Habsburgo (actual Austria). El Reino de Nápoles y de Sicilia se añadía a aquella extraordinaria herencia. Carlos se erigió como emperador germánico, y siendo un gran "europeo", decía: "Hablo francés a los hombres, italiano a las mujeres, español a Dios y alemán a mi caballo". Señalemos que ignoraba el inglés...

Pero su sueño imperial fracasó. dos años antes de su muerte se retiró a un monasterio español. Este es el único ejemplo en el que un emperador abandona por sí mismo el poder. Tras su muerte, sus posesiones fueron racionalmente divididas en dos: Felipe II, su hijo, los territorios españoles; para Fernando, su hermano, Austria y la Corona del Sacro Imperio.

El imperio había fracasado a causa de la oposición del reino de Francia. El imperio no pudo abatir la a la Corona de Francia, cuya monarquía había ganado poder desde Juana de Arco. Con Francisco I (1494-1547), Francia logró provocar el fracaso del sueño hegemónico de los Habsburgo: la nación triunfaba sobre el Imperio. Francisco I fue un brillante rey, un hombre guapo, culto y "renacentista". (Él llamó a Leonardo da Vinci a Francia.) Esta fue la época en la que el viejo castillo del Louvre se transformó en un palacio renacentista. Francia se iluminó con la luz italiana y surgieron grandes escritores.


Pero el Renacimiento no se produjo unicamente en Italia, España, Alemania y Francia. También despertó en la Ingleterra de Enrique VIII Tudor y de Tomás Moro, autor de Utopía, obra en la que se describe la organización de una sociedad ideal; también en Holanda (Erasmo de Rótterdam, Elogio de la locura, 1509) e incluso en Polonia. En Cracovia, el astrónomo Copérnico publicó en 1523, en latín, un libro subersivo, La revolución de los astros, en el que afirmaba que la Tierra no era el centro del universo, que no era el Sol el que giraba a su alrededor, sino la Tierra la que giraba alrededor del Sol. Una revolución total respecto a la concepción que los hombres tenían del cosmos: fue "la revolución copernicana" de nuestra visión del mundo.

Para terminar señalaremos la generalización de la imprenta de Gutenberg. La primera Biblia se imprimió en 1455. Al sustituir los pergaminos escritos a mano (manuscritos) por libros encuadernados e impresos, la imprenta proporcionó a sabios y pensadores los medios técnicos para una difusión de sus escritos mucho más amplia que en tiempos anteriores, porque los impresores hacían cien libros en el mismo tiempo que un copista empleaba para copiar uno.

Capítulo 16. Las Reformas y las guerras de religión, del libro "Toda la Historia del Mundo" de Barreau-Bigot.


Las costumbres de los papas del Renacimiento, quienes tenían amantes e hijos y que vivían de un modo poco evangélico, escandalizaba hasta el punto de hacerse evidente que la Iglesia tenía una gran necesidad de realizar reformas. Y en el siglo XVI, la reforma trajo consigo cismas.


A un monje alemán, en concreto, le parecía escandaloso lo que sucedía en Roma. Sobre todo, el comercio de indulgencias (la remisión de las penas por medio del pago de una cantidad de dinero). Martín Lutero (1483-1586) colgó en las puertas de la iglesia del castillo de Wittenberg 95 tesis o explicaciones para condenar aquel tráfico. Su propuesta estaba perfectamente fundada, pero la desgracia vino porque los papas no tomaron en serio a Lutero. por eso se produjo la ruptura y el nacimiento de una reacción evangélica que se llamó "protestantismo".


Pero además, Lutero tradujo el Nuevo Testamento al alemán, con lo que la nación alemana tomó conciencia de sí misma. Muchos de los príncipes alemanes utilizaron este pretexto para liberarse de Roma y confiscar los bienes de la Iglesia. El emperador católico Carlos V, a pesar de haber desterrado a Lutero, no pudo detener la reforma y se vio obligado a comprometerse con ella. Muchos otros príncipes se convirtieron al luteranismo, entre ellos, los reyes de Suecia y Dinamarca. En 1530 los príncipes enunciaron la máxima: Cujus regio, ejus religio, los sujetos deben profesar la misma religión que sus príncipes. Con esto, una reacción de libertad frente al emperador y al Papa, amos lejanos, se había transformado en un recrudecimiento de la servidumbre a favor de los príncipes, amos cercanos.

Ve la película Lutero (2003) de Eric Till y reflexiona sobre lo siguiente:
  • ¿Cuál fue el gran proyecto arquitectónico del Papa León X y qué quería simbolizar con ese proyecto?
  • ¿Cuáles fueron los elementos que se conjuntaron para ayudar a la difusión de las ideas luteranas? ¿Qué recursos usó y qué implicaciones nacionalistas tuvieron?
  • De acuerdo con la tradición católica, ¿quién puede interpretar las Escrituras? ¿Por qué la Iglesia no quería que la Biblia fuera traducida del latín a las lenguas comunes? 
  • Cuando el Papa León X dice que Lutero está embriagado de sí mismo, está haciendo una referencia al pecado de la soberbia, piensa en algún otro pensador(a) que haya sido acusado de lo mismo por su pensamiento.
  • Lutero poseía grandes cualidades, encarnando la idea del hombre renacentista que busca la verdad por encima de todo, pero ¿cuál era la cualidad que el Príncipe de Sajonia más admiraba en él?
  • ¿Qué principio político se deja ver cuando el príncipe de Sajonia expone ante el emperador Carlos V de Alemania la necesidad de juzgar con justicia a Lutero en territorio Alemán?
  • ¿Qué consecuencias trajo este cisma al mundo del arte?

En 1534, el rey de Inglaterra Enrique VIII (1491-1547), quería divorciarse a pesar de la negativa del Papa (negativa política, no religiosa), se apoyó en el luteranismo para dar con una cómoda salida: rompió con Roma y fundó el "anglicanismo". Éste es un catolicismo cismático, es decir, que permanece dentro del modelo católico. Pero Enrique VIII tropezó en su propio reino con un fuerte bando fiel a Roma y tuvo que dar la orden de ejecutar a su propio canciller Tomás Moro en 1535.

  


"No te daré mucho trabajo, tengo el cuello muy fino". Estas palabras, dirigidas al verdugo que debía decapitarla con una espada, fueron las últimas que pronunció Ana Bolena antes de morir en el cadalso. Por conseguirla, el monarca anuló su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos; se enfrentó a Carlos V, sobrino de ésta; y rompió con la Iglesia católica.Sin embargo, después de contraer matrimonio, quedó en manos de un monarca inconstante, que no dudó en inventar cargos contra ella para conseguir su decapitación. Las siguientes esposas no tuvieron mucha más suerte.

En Francia, Juan Calvino (1509-1564) se unió a la Reforma. Desde 1541 hasta su muerte, fue dictador de Ginebra donde se desarrolló el extremo radical denominado "calvinismo" que se ocupaba de que los fieles no disfrutaron demasiado del placer.

Así, a mediados del siglo XVI, la Europa latina estaba en una crisis religiosa: una buena parte había abandonado a la Iglesia Católica para unirse al luteranismo; Inglaterra había provocado un cisma; y los calvinistas intentaban convertir a Francia. Si ésta se inclinaba hacia la Reforma, se impondría el protestantismo; si permanecía como católica, la Reforma quedaría como algo "regional", porque Francia era, en ese momento, la mayor potencia del mundo. Entonces, se desencadenaron las guerras de religión entre protestantes y católicos.

Enrique III, rey de Francia fue asesinado por un monje, y sin herederos, según el orden de sucesión monárquica, la corona recaía en Enrique de Navarra, quien era protestante. Dos principios se enfrentaron en ese momento: el religioso (Cujus regio, ejes religio) y el de legitimidad (el de los juristas). Aunque Enrique era protestante, también era el rey legítimo. Los católicos "iluminados" estaban de acuerdo en ello, pero las masas populares de Francia se mantenían obstinadamente católicas. Enrique de Navarra lo entendió y tuvo la inteligencia de abjurar al protestantismo para entrar en París en 1549. A él se le adjudica la frase: "París bien vale una misa". En 1598, como rey coronado, promulgó el famoso edicto de Nantes, que concedía a los protestantes cierta libertad religiosa. A pesar de que este edicto mantenía la prudencia, sus consecuencias ideológicas son inmensas, ya que a partir de su promulgación, se puede disociar religión y ciudadanía, siendo ésta la semilla del laicismo.

Al mismo tiempo, gracias a Enrique IV, el catolicismo (tolerante) había ganado la partida en Europa y ahora emprendía su reforma. La "Contrarreforma": abrió multitud de seminarios destinados a formar a un nuevo cuerpo clerical, digno y culto, que pudiera compararse con los pastores protestantes. El español Ignacio de Loyola fundó la orden jesuita en París, éstos eran religiosos modernos, sabios, cultos y misioneros. Mientras el protestantismo iconoclasta no conseguía inventar un arte propio, los jesuitas lanzaron una nueva moda: el Barroco.

Mientras tanto, Inglaterra se había convertido en una gran potencia marítima bajo el mandato de la reina Isabel I (1558-1603). En 1588, el rey de España Felipe II, muy católico, envió contra inglaterra a la "Armada Invencible" que quedó disuelta por una gran tormenta en las costas inglesas. Al reinado de Isabel I, Reina Virgen de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Ana Bolena, se le conoció como la Edad de Oro y el teatro isabelino tuvo a Shakespeare como representante del renacimiento.



EL RENACIMIENTO ITALIANO














Se puede decir que los maestros renacentistas italianos tuvieron tres grandes aportes al mundo del arte: dieron a conocer la anatomía científica y la perspectiva matemática, creando una pintura cuyas características fueron la figura humana como elemento básico, la naturalidad, la expresión psicológica, el colorido vigoroso y la hábil agrupación de numerosas personas sin perder la armonía del conjunto. A esto se añade la mezcla entre lo nuevo y lo viejo, entre las tradiciones góticas y las formas clásicas, dando como resultado formas modernas.


EL RENACIMIENTO NÓRDICO: FLANDES, ALEMANIA Y HOLANDA

Diferencias entre el arte renacentista italiano y el nórdico: toda obra que se destaque en la representación de la hermosa superficie de las cosas, flores, joyas o edificios, será un artista nórdico; mientras que un cuadro de acusados perfiles, clara perspectiva y seguro dominio de la belleza del cuerpo humano, será italiano. Los maestros florentinos, siguiendo a Brunelleschi, desarrollaron un método por medio del cual la naturaleza podía ser representada en un cuadro con exactitud científica. Comenzaban trazando el armazón de las líneas de la perspectiva y plasmaban sobre ellas el cuerpo humano mediante sus conocimientos de la anatomía y las matemáticas. Mientras que los maestros nórdicos lograron la ilusión del natural añadiendo pacientemente un detalle tras otro hasta que todo el cuadro se convirtiera en un espejo del mundo visible. A esto contribuyó Jan Van Eyck, pintor flamenco, inventor de la pintura al óleo, la cual permitía trabajar más lento y con mayor exactitud; podía hacer colores transparentes para ser aplicados capa por capa.




EL MANIERISMO

Este estilo artístico predomino en Italia desde finales del Renacimiento hasta comienzos del periodo Barroco en 1600. Se originó en Venecia y Roma. Se trataba de una reacción anti-clásica que cuestionaba la validez del ideal de belleza defendido en el Alto Renacimiento. El manierismo se preocupaba por solucionar problemas artísticos intrincados, como desnudos retratados en posturas complicadas. las figuras en las obras manieristas tienen frecuentemente extremidades graciosas pero raramente alargadas, cabezas pequeñas y semblante estilizado, mientras que sus posturas parecen difíciles o artificiales. Su origen etimológico proviene de la palabra maniera, que significa "personalidad artística", es decir, estilo. Lo asignaban a aquellos artistas que pintaban "a la manera de...", es decir, siguiendo la líneas de Miguel Ángel, Leonardo o Rafael, pero manteniendo, en principio, una clara personalidad artística. El significado peyorativo del término comenzó a utilizarse más adelante, de parte de los clasistas del siglo XVII cuando esa "maniera" fue entendida como una fría técnica imitativa de los grandes maestros, llena de clichés y colores fríos.




El cuadro representa las dos dimensiones de la existencia humana: abajo la muerte, arriba el cielo, la vida eterna. El Greco se lució plasmando en el cuadro lo que constituye el horizonte cristiano de la vida ante la muerte, iluminado por Jesucristo.

En la parte inferior, el centro lo ocupa el cadáver del señor, que va a ser depositado con toda veneración y respeto en su sepulcro. Para tan solemne ocasión han bajado dos santos del cielo: el obispo San Agustín, uno de los grandes padres de la Iglesia, y el diácono San Esteban, primer mártir de Cristo.

En la tradición bíblica el cuerpo es enterrado, devuelto a la tierra de donde salió, en la espera de ser transfigurado por la resurrección final. El cuerpo humano, que el Hijo de Dios ha tomado al hacerse hombre, ya no es la cárcel del alma, sino la materia animada por el espíritu, la materia que será definitivamente transformada en la resurrección.

A este entierro, dos personajes principales, el Greco nos mira de frente, invitándonos a entrar en el misterio admirable que contemplan nuestros ojos y su hijo, señalando con su dedo al personaje central.

Entre el cielo y la tierra, el lazo de unión es el alma inmortal del señor de Orgaz, figurada como un feto que es llevado al cielo por manos de un ángel, a través de una especie de vulva materna que le dará a luz a la vida eterna del cielo. La muerte aparece así como un parto, como un alumbramiento a la luz eterna en la que viven los santos. Trance doloroso, pero lleno de esperanza.

En la parte superior, el pintor describe el cielo, la vida feliz de los bienaventurados. Aparece Jesucristo glorioso, luminoso, vestido de blanco, entronizado como juez de vivos y muertos. Es el señor de la vida y de la historia de los hombres. A Él se le ha dado la capacidad de juzgar a los hombres, y lo hace con misericordia, como lo muestra su rostro sereno y su mano derecha que manda al apóstol Pedro, jefe de su iglesia, que abra las puertas del cielo para el alma del conde difunto.

La madre de Jesucristo, la Virgen María, acoge maternalmente el alma del señor que llega hasta el cielo. En este alumbramiento a la vida eterna, Dios ha confiado a María la tarea de madre. Ella es para nosotros el rostro materno de Dios.

El Greco lo pinta en plena madurez artística. Tiene rigor arquitectónico y una unidad extraordinaria a pesar de los dos partes en las que está dividido. En esta obra están presentes todos los elementos del lenguaje manierista del pintor: figuras alargadas, cuerpos vigorosos, escorzos inverosímiles, colores brillantes y ácidos, uso arbitrario de luces y sombras para marcar las distancias entre los diferentes planos, etc. Es curioso, como consecuencia del manierismo, que no existe profundidad en la escena, por lo que no observamos ni suelo, ni fondo. La luz existe casi exclusivamente en la parte superior. En la inferior, la luz proviene de las vestiduras.

EL TEATRO EN EL RENACIMIENTO

    


MÚSICA RENACENTISTA


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